I.
Hola.
Este es un escrito muy diferente, este tal vez sea mi último aquí. Comenzaré contándote parte de mi versión de la historia. Quiero escribir y darle un fondo a lo que representas tú en mi vida. Tú lo sabes bien, tú me conoces mejor que nadie, pero hoy te contaré más profundamente las cosas. Vengo de una familia muy unida, de una manera muy peculiar y con altibajos, pero siempre unida. Nunca me falto un apoyo, ayuda, ni jamás batallé con algo respecto a mi familia. Pero por otro lado, jamás tuve a alguien para mí, jamás tuve a alguien tan cercano que sintiera que era cariño sólo para mí. Cuando llegaba a relacionarme más con los miembros de mi familia, iba creciendo más mi miedo a fallarles, y cuando me ocurría me hacía diminuto. Sentía tanta pena de demostrarles un sentimiento de culpa que simplemente no demostraba nada, y de ellos comenzaba la creencia del muchacho rebelde que no le importan las cosas. Poco a poco, desde hace algunos años, he podido cambiarles esa imagen que tienen de mí, ese chico rudo en el que me escudaba para así no mostrar lo que sentía. Para así no mostrarme débil. En la plena edad en dónde las cosas estaban por definirse en mi vida, llegaste tú. Llegaste tú con una sonrisa siempre para mí. Tuvimos una historia peculiar como amigos, no creo que alguien llegara a imaginarse que tú y yo llegaríamos a tener éste lazo que nos une hoy en día.
Siempre fui representado por el personaje de chico rudo que habita en mi cabeza, pero contigo por primera vez dejaba de pensar en vergüenza hacía todo lo demás y me concentraba en cómo poder hacerlo sin detenerme.
Pensaba desde dentro de mí. Gracias a conocerte y vivir algunos años de mi vida a tú lado, fue que perdí el miedo a ser quién me costaba representar. Gracias a ti es que hoy en día soy esto. Fuiste mi fuente constante de paz, mi fuente de felicidad, mi fuente de motivación, mi fuente de caricias, mi mujer y simplemente mi todo. Entraste tan profundo en mí, que tus manos fueron la gran ayuda que necesitaba para formarme a mí mismo, tú apoyo incondicional, la persona que siempre creyó en mí, y que vio en mi cosas que para mí nunca fueron claras.
Te quedaste tan profundo, que tengo algo tuyo en cada parte de mi alma.
Sin ti, echando raíces en mi vida, no estaría aquí en éste momento. No sería la persona que está escribiéndote, y realmente desconozco qué habría sido de mí. Todas las entradas a éste blog han sido dedicadas a ti, todas y cada una de ellas. Si no es un poema, es algo del pequeño artista que me ayudaste a crear. Todo ha sido dedicado a las brillantes estrellas que tienes por ojos. Han sido dedicadas al ser más hermoso que habita en mi mundo. Ha sido dedicado a tú recuerdo que habita en mi corazón. Te convertiste pronto en mi motivo. Simplemente mi motivo. Te convertiste en mi literatura, te convertiste en mi filosofía, te convertiste en mi música, te convertiste en mi completa adoración. Me convertí en gigante contigo a mi lado. Nada podía detenerme, era completamente invencible. Fui invencible, conocía ya lo que era estar en paz, funcionaba para cualquier aspecto de mi vida. Era un sueño, literalmente un sueño que se convirtió en mi realidad.
II.
Pero no todo fue tan hermoso. Después de un año de estar juntos, nuestro cuento de hadas llegaba a un abrupto final. El día de nuestro primer aniversario, fue un día que cubrió los dos extremos, lo más dulce y lo más triste. Fue la primera vez en mi vida dónde no sabía qué hacer. No sabía a dónde ir, qué debía continuar haciendo, qué debía dejar de hacer, no sabía qué hacer de mí mismo. No entendía qué había pasado. Me sentí perdido por meses, más aún cuando tú iniciabas algo más. Fue irreal, pero seguías aquí. Eso me hacía entender que nuestra realidad no estaba presente, pero seguía existiendo. Después de intento tras intento de afrontarlo, logré hacerlo, y comprendí realmente lo que significaba perdonar. Te perdoné. No porque mi amor por ti me cegara, no porque me sentía obligado a hacerlo con tal de recuperarte, no porque era un gesto para hacerte sentir bien conmigo, sino porque jamás tuve algún sentimiento de rencor hacia ti, y jamás juzgué tus decisiones. Dentro de ti seguía estando mi mujer, y dentro de mí seguía estando tú lugar intacto, esperando al día en que fueras a volver. Fue un gran momento para probar mi cordura. Durante esos meses, no había otra cosa en la que pensara. Si bien ocupaba mi mente en diferentes situaciones del día a día, eventualmente llegaba un punto en donde no había otra dinámica más que la mía tratando de explicarme qué pude haber hecho para cambiar la historia, para que siguieras conmigo. Tal vez dejé de hacer algo, o comencé a hacer algo que no era bueno para nosotros. Trataba de entenderlo, sin resultado. Día con día planteando otro escenario, día con día pensando en diferentes perspectivas, día a día llegando a nada.
El único sentimiento que tuve siempre por ti fue amor. Tú me conociste más que nadie, recuerdo tan bien como tú voz diciéndome “sé que no te gustan los dramas”. Ese 4 de diciembre me rompí como jamás lo había hecho a mis 15 años. Pero logré hacer algo que jamás pude hacer, y que hoy en día jamás he podido repetir, el hecho de perdonar. Comprendí tantas cosas. Comprendí que éramos muy pequeños como para saber con qué estábamos lidiando, cómo para saber cómo planear una vida, que tal vez nos estábamos privando una etapa de nuestras vidas que debíamos disfrutar como una unidad y tal vez no como una pareja, comprendí lo que realmente era amar a una persona, y comprendí que eso era realmente lo que yo sentía por ti. Aprendí a desear lo mejor y la mayor felicidad a quien tiene significado en mi vida, sin importar lo que esté en medio. Pero para mí los días pasaban como una eternidad. No entendía cómo es que la persona que tanto amaba, estaba tan lejos de mí, y no había manera en la que yo podía hacer que estuviera a mi lado. Eran días de triste impotencia. Hablaba tanto conmigo mismo, miraba tanto hacía el cielo… no podía dejarte ir! Pasaron días, pasaron semanas, y pasaron meses, hasta que en uno de esos días cambió mi cielo de color, un día que siempre tendré guardado en mi memoria. .
III.
Llegó el momento que tanto esperé, llegó el momento en que dejaba de entender la realidad nuevamente, pero en esta ocasión era en un sentido completamente diferente al anterior. Deseabas volver a verme, y yo no cabía en tanta ansia. Llegó ese 8 de septiembre cuando fuimos al cine con mis hermanos, después de unos días de empezar a vernos de nuevo. Ese momento en dónde me sentí como niño tímido y, antes de que entraras a tú casa, te pregunté si volverías a ser mi chica… y dijiste que sí. Jamás había estado tan feliz por una sola palabra. Mis días seguían siendo eternos, pero era una eterna felicidad lo que los habitaba. Volvías a estar conmigo, y era lo único que me importaba. Éramos tú y yo de nuevo, tú y yo una vez más. Aún tengo un eco en mi cabeza que recita “tú y yo… para siempre”, tal como lo hacíamos nosotros hace algunos años. No podía creerlo, la felicidad la contagiaba a quién fuese. Comenzó de nuevo lo nuestro, comenzaba otro capítulo en la historia. Nuestro cuento de hadas aún no terminaba.
Volví a motivarme con respecto a todo. Llegué a mi tope rápidamente, y ya ni siquiera éste cielo me detenía. Contigo, era un gigante irrompible. En Flor de Liz lo daba todo, encontré un gusto inmenso por enseñar. Por transmitir esa pasión que yo sentía, y ellos me respetaban como un líder. Mi filosofía y poesía seguías siendo tú. Con cada escrito trataba de describir lo hermoso que es tú ser, con algunas metáforas para no ser descubierto. No me cansaba de escribir.
En la preparatoria, siempre estaba esa ilusión de poder encontrarte en mi hora de entrada, o inclusive si había algún festival, sabía que era seguro el hecho de que te iba a encontrar, y claro, mostrarte lo que hacía con mi música y Flor de Liz. Tal vez pudiste escucharlos, a ellos a quienes yo instruía, pero a mí nunca pudiste escucharme. Nunca pude cantar frente a ti, ni solo, ni con el grupo. Siempre me ganaba mi timidez. Sentía que no tenía lo suficiente para cantar ante ti, junto con mi mamá, siempre haz sido mi “jueza” más importante. Practicaba más y más para, cuando me sintiera completamente listo, cantar para ti y que fuese perfecto. Nunca sucedió. Nunca pude cantar hacía ti. A pesar de que no pasara, aprendí mucho con respecto a mi voz y capacidad, desde hace un tiempo atrás me siento listo para ti, pero ya es muy tarde. Me pasé de la fecha por mucho.
Al entrar a la universidad, estaba completamente motivado y decidido a seguir a tope. Alemania, como sabes, siempre fue un lugar a donde yo apuntaba, pero antes de eso me encontré con Francia. Leí al respecto, me gustó, y ya tenía mi primer destino. Claro, como mis sueños lo dictaban, me iría solo pero no por mucho tiempo, después volvería por ti, para llevarte conmigo. Y así vivir la gran aventura que siempre compartíamos el deseo de cumplir.
Era difícil el día a día porque ahora estábamos mucho más separados que nunca. Nunca dejamos de tener contacto, pero se me complicaba cada vez más el hecho de no extrañarte. Y así se nos diluyó un año, hasta llegar de nuevo al 8 de septiembre. El sol perdió su brillo, por segunda vez. Decidiste irte, decidiste dejarme.
IV.
Esta vez fue diferente. Esta vez la decisión la tomaste fríamente. Me sentí tan poca cosa cuando ni siquiera hablaste conmigo de ello, simplemente un mensaje selló el final de ese nuevo capítulo en nuestro cuento de hadas. Inclusive hoy, no me lo puedo explicar. Yo sentía que éramos felices, yo sentía que estábamos construyendo algo con fuerza, yo creí que esa vez sería para siempre, yo creí, lo creí. Te sentí tan decidida a irte que perdí la esperanza en muchas cosas. Todas las ganas que había acumulado, se iban gastando poco a poco. Decidí no detenerme en nada, decidí seguir y buscarme en lo que hacía. Pero no podía evitarlo, mi música seguías siendo tú, mi filosofía seguías siendo tú, al igual que mi motivación, pero ya no estabas tú. Era tan complicado tener ganas de hacer las cosas. No paso mucho tiempo, y caí en un agujero. Un agujero con nombre y apellidos. Caí en el agujero más profundo y oscuro en el que he estado, lugar que hoy en día repudio y deseo nunca haber encontrado.
Pero fue ese profundo lugar el que me acercó a ti. Cuando retomé fuerza y abrí los ojos, estaba logrando salir de ese lugar de dolor, y la primer persona con quién quería hablar era contigo. Y así lo busqué, te escribí y allí estabas tú, para mí nuevamente. Me diste tanto apoyo, me diste ganas de salir. Me recordaste quién era yo, y que perdido estaba en ese momento. Me ayudaste a salir de un gran agujero, me diste todo el apoyo que había en tus manos. Aceptaste vernos nuevamente!
Estaba esperándote, en una esquina sin saber qué hacer realmente. Me sentía tan nervioso como hace 6 años. Te vi subir, te vi entrar, y sin pensarlo fui tras de ti. En el momento que volví a ver tus ojos, el tiempo dejó de existir. Eras tú! Tan hermosa como siempre, tan radiante como yo te recordaba. En ese preciso instante me di cuenta que jamás había dejado de amarte. Te agradezco tanto ese día. Supe quién era yo realmente, y volví a actuar como ese hombre al que amaste tanto.
V.
Y aquí estoy. Escribiéndote de nuevo, como he hecho en este año, como no lo hacía en años anteriores. He vuelto a encontrar tú luz, he vuelto a encontrarte en mí. Pero ya ha pasado mucho tiempo, y creo que ya es demasiado tarde. Tal vez tú vida ya está hecha, y yo sólo vengo a interrumpirla. En qué momento nos hicimos viejos?
Pero es que no puedo evitar pensarlo. El día que volvimos a vernos, en ti sentí tantas cosas todavía que no puedo dejarlas a un lado cuando pienso en esto. Tengo esa esperanza en que volveremos a estar juntos, estamos destinados a estarlo. Daría lo que fuese porque se cumpla. Estoy perdidamente enamorado de ti y no puedo ocultarlo. No me importa nada más que tú. No pienso en nada más que en ti. Todavía hablo contigo por las noches, aunque no estés ahí. Aún veo a la luna, pensando en aquel día que prometimos verla cada vez que nos extrañáramos. En cada día que me escribes, canto mi canción para ti, deseando fuertemente que estés ahí para que me escuches.